En una reunión navideña realizamos un intercambio de regalos "amigo secreto" mediante sorteo. Eran detalles sin género, pensados para que cualquiera pudiera recibirlos.
Al elegir el mío, quise ir un paso más allá. Tomé unas sencillas esferas navideñas y las transformé en un mensaje.
"No cambié el objeto, cambié su significado, personalizándolas con buenos deseos".
Una de ellas la pensé especialmente para el pesebre, como recordatorio del verdadero sentido de la Navidad: el nacimiento de Jesús. Las demás llevaban mensajes simples pero profundos, deseos que muchos deseamos para nuestras familias y nuestro día a día: alegría, amor, paz, fe y salud.
Ese fue el propósito del detalle: mostrar que incluso algo sencillo puede volverse especial cuando se entrega con intención y palabras que conectan.
Si este mensaje conecta contigo, te invito a compartir en los comentarios tu opinión o alguna experiencia donde un detalle sencillo haya tenido un significado especial.

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